La natación para bebés es uno de los mejores métodos de estimulación temprana, ya que, en un ambiente de juego y de placer y debido a los componentes físicos que contiene, esta actividad aporta beneficios importantes sobre el bebé. Éstos son los principales:
Desarrollo psicomotor – El bebé que aún no camina, encuentra en el agua la posibilidad de moverse tridimensionalmente, siendo mucho mayor la libertad y continuidad de movimientos. A muy temprana edad, comienzan a tener nociones de desplazamiento y distancia de una gran riqueza y sensibilidad, lo que redundará en una mayor coordinación motriz. Además, el agua da posibilidades de movimiento que no proporciona el medio terrestre.
Ayuda al sistema inmunológico- Los especialistas opinan que es a partir de los 4 meses cuando termina de madurar el sistema inmunológico del bebé y las posibilidades de contraer resfriados e infecciones de oído como la otitis disminuyen.
Desarrollo del sistema cardiorrespiratorio- La natación fortalece el corazón y los pulmones. Debido al trabajo respiratorio que se realiza en el agua, se aumenta la eficiencia en la oxigenación y traslado de la sangre, favoreciendo el crecimiento del aparato cardiorrespiratorio y facilitando la respiración del organismo.
Desarrollo del aparato osteomuscular. Incrementa el rendimiento muscular, la movilidad y la rapidez.
Ayuda a la movilidad de la caja torácica, la presión del agua sobre la misma ayuda a la potenciación de la musculatura respiratoria, además, la humedad existente en la piscina favorece la eliminación de mucosidades.
Mejora la movilidad intestinal e incrementa el apetito.
Asimismo, es buena para el control de la obesidad.
Ayuda al bebé a relajarse, siendo especialmente aconsejable para los niños hiperactivos.
En niños con hipotonía ayuda a mejorar el tono muscular, debido al factor hidrostático causado por el esfuerzo al desplazarse en el agua.
También es recomendable como terapia para niños asmáticos o con discapacidad.
Mejora y fortalece la relación afectiva y cognitiva entre bebé-mamá-papá. La realización de un programa acuático para un bebé, le llevará, junto con sus papás, a compartir situaciones ricas y profundas que no sucederán de otra forma; se van a juntar las reacciones innatas e instintivas del bebé con las propias vivencias que genera la práctica de la natación.
Inicia la sociabilización en un ambiente lúdico y recreativo. La convivencia en la piscina con otros niños le ayudará a relacionarse mejor, además de que aprenderá a compartir y realizar actividades junto con otras personas. El niño adquiere más confianza para comunicarse y desarrollarse en grupo, ya que estará en constante contacto con instructores y otros niños.