1 ¿En cuánto tiempo aprenden a nadar los niños?
Ésta es una pregunta prácticamente imposible de responder. Son muchísimos los factores que intervienen en este proceso, y que los profesores desconocen de un niño que todavía no ha empezado a recibir clases de natación. Los padres no son conscientes cuando hacen este tipo de preguntas, de que cada niño tiene su propia evolución, sus propias aptitudes y cada niño se encuentra en una fase distinta de su propio desarrollo.
Podemos dar pautas generales de evolución, y orientar sobre lo que suele ocurrir con los niños que se apuntan a clases de natación, pero hay que tener en cuenta que dependerá por ejemplo de la edad que tiene el niño, si ha tenido experiencias anteriores en el agua, si alguna de esas experiencias ha sido negativa para él, si es un niño generalmente miedoso, si físicamente es grande o pequeño, cuántas veces va a acudir a la semana a clases de natación o de las faltas de asistencia, que en muchas ocasiones obstaculizan, y mucho, el proceso de aprendizaje
Según diversos estudios, un niño no puede nadar sólo hasta los 4 años, edad en la que el aparato locomotor está lo suficientemente desarrollado para poder hacerlo. Antes de esta edad, los niños pueden ir cogiendo nociones para desenvolverse en el agua de manera eficaz, saber reaccionar en caso de caída accidental al agua, o desplazarse unos metros hasta conseguir llegar al bordillo.
Evidentemente cada niño es distinto, con sus propias características, y generalizar en este aspecto, es muy poco prudente.
2 ¿Por qué es recomendable apuntarles durante los primeros meses de vida?
Si queremos que nuestro hijo aprenda a nadar lo antes posible, parece evidente que lo mejor es apuntarle a clases de matronatación a partir de los cuatro meses de vida. Cuando son tan pequeños, el agua les devuelve a su antiguo hábitat, ya que durante 9 meses se encontraba en una bolsa repleta de líquido amniótico, además no tienen actitudes de rechazo hacia lo desconocido, mantienen aún el reflejo de apnea y el contacto directo con su mamá o papá les transmite seguridad y confianza.
No obstante, en muchas ocasiones no es posible apuntarles desde tan pequeños, y los padres y madres deben esperar a que sean más mayores para hacerlo.
En ese caso, lo más aconsejable es que los niños acudan a clases a partir de los dos años, edad en la que ya van siendo más independientes, ya tienen fuerza y resistencia suficientes, y el aprendizaje será mucho más rápido.
Cuánto más retrasemos el contacto con el agua, más posibilidades tenemos de que el niño vaya desarrollando respuestas de miedo. El miedo aquí será una conducta adaptativa más que otra cosa, siente temor ante una situación de peligro, y el agua es un peligro porque no sabe nadar. Los niños que tienen miedo lo pasan realmente mal cuando empiezan sus clases de natación y el aprendizaje se retrasa bastante, ya que existe otro objetivo claramente prioritario. Cuánto más se retrase ese momento más miedo se generará en el niño y peor lo pasará. Pero todo esto se puede evitar de una manera muy sencilla, comenzando las cases de natación antes de los 3 años.
3 Si mi hijo llora durante las primeras clases ¿es posible que coja un trauma?
Si extrapolamos la pregunta a otros contextos más cotidianos, los padres pueden responderla sin necesidad de ayuda: “Si mi hijo llora todos los días porque no le compro una piruleta ¿se cogerá un trauma? Evidentemente NO.
Los padres son conscientes de que en cualquier situación sus hijos utilizan todo tipo de recursos para conseguir lo que quieren, y la escuela de natación no iba a ser menos. El llanto de un niño es una llamada de atención, una reivindicación ante algo que quieren o no quieren hacer, es una respuesta cotidiana sin ningún tipo de consecuencias.
Conviene recordar que el trauma es definido en psiquiatría como “exposición personal directa a un suceso que envuelve amenaza real de muerte”. Por lo tanto lo más prudente es no utilizar ese término en situaciones naturales de adaptación a la nueva escuela.
4 ¿Por qué razón a partir de dos años los niños deben acudir sin papá o mamá?
Nosotros creemos que los dos años es la edad perfecta para que los padres salgan del agua y dejen a los niños con los profesores y otros compañeros.
Normalmente los centros que retrasan tanto la salida de los papás y las mamás, son centros poco especializados en la enseñanza de la natación a los más pequeños, suelen ser gimnasios con piscinas o centros municipales que o bien no tienen la suficiente formación y especialización en el sector, o tienen piscinas con el agua muy fría, y no pueden admitir niños más pequeños.
Alrededor de los dos años, los niños ya no hacen caso de sus padres, muestran gestos y conductas de rechazo hacia sus progenitores para que les dejen solos, porque ya son capaces de realizar muchos ejercicios de manera independiente.
El papel de los padres y madres no tiene mucho sentido, lo único que consiguen es frenar la evolución del niño en el agua, que comenzará a portarse mal cuando están presentes y se volverán caprichosos y egocéntricos.
Cuando los padres salen del agua y se forman grupos reducidos con niños de esta edad, el comportamiento cambia por completo, comprenden perfectamente que forman parte de un grupo, que hay un profesor para todos los niños al que tienen que obedecer, y más amigos con los que disfrutar de la actividad. El aprendizaje evoluciona de manera natural y favorable.
5 ¿Qué debo tener en cuenta a la hora de escoger el centro adecuado para que mi hijo aprenda a nadar?
En relación a lo mencionado anteriormente, es importante tener en cuenta si el centro está especializado en este tipo de enseñanzas. Es muy común hoy en día ver, por ejemplo, gimnasios que tienen una piscina creada para ofrecer natación a los socios del centro, en la que deciden impartir clases de natación para niños y bebés. Normalmente estos centros no tienen la distribución de los vestuarios y pasillos adecuada para este tipo de clases, y en muchas ocasiones la temperatura no es la correcta, ya que pasillos y sala se mantienen con aire acondicionado.
En los centros municipales el agua del vaso de la piscina suele estar alrededor de los 27-28 grados, temperatura realmente fría para los más pequeños.
Las escuelas de natación especializadas en estas clases suelan tener las instalaciones a la temperatura perfecta, con vestuarios adaptados a los carritos y a los bebés, y lo más importante, personal formado y especializado en impartir clases de matronatación y natación infantil.
Recomendamos acudir antes al centro dónde se quiere iniciar la actividad, conocer la metodología de trabajo y sus instalaciones.
Si el centro es el adecuado, lo sabrás al instante.
6 ¿Por qué mi hijo no quiere entrar en la piscina?
En muchas ocasiones los niños reaccionan con llanto e inseguridad ante nuevas situaciones propuestas en clase:
-Cambio de ejercicios
-Cambio de niveles/profesores
-Dificultad al ejecutar ejercicios.
7 ¿Qué debo hacer ante estas situaciones?
Comprender, motivar y formar parte activa del aprendizaje del niño buscando información o vídeos en casa y compartirlos con ellos. Es muy positivo explicar de manera motivadora las ventajas de la natación en su desarrollo.
8 ¿Debo quitar a mi hijo de esta actividad si las reacciones negativas persisten?
No. Aconsejamos que se dirija al coordinador técnico para poner en común la situación del niño y proponer estrategias personalizadas para llevar a cabo.
Es importante recordar que la SEGURIDAD y el BIENESTAR del niño están por encima de todo.
9 Mi hijo ha tenido una experiencia desagradable en el agua y no quiere volver a una piscina ¿Qué debo hacer?
En caso de accidente, es importante saber reaccionar adecuadamente. Si nosotros actuamos con pánico ante una situación así, el niño lo hará igual. Hay que mantener la calma, y después de comprobar que todo está bien, hablar con el niño. Tenemos que explicarles que hay situaciones peligrosas que se deben evitar, y para ello es fundamental que acuda a la escuela de natación para que le enseñen nociones de supervivencia y aprenda a nadar.
Nuestro consejo es apuntarle a clases de natación lo antes posible, seguramente los primeros días serán difíciles para él, pero pronto aprenderá que la piscina es un lugar donde se puede disfrutar.
Si intentamos retrasar el contacto con el agua después de un accidente, será mucho más dramático para el niño, pues habrá creado repuestas de miedo, pudiendo generar un trauma en un futuro.
10 Si mi hijo no quiere nadar ¿Debo enseñarle como lo hacen sus amigos para que se fije en ellos?
Los padres tienen mucha tendencia a fijarse en los amigos de sus hijos y a compararles.
Consideramos que las comparaciones no son buenas y no dan resultado. Podemos generar en ellos sentimientos de frustración. Cada niño es único, y por lo tanto no comparable.
Es recomendable adoptar otro tipo de estrategias más centradas en motivar y reforzar los comportamientos positivos.
11 Mi hijo disfruta del agua en la piscina, pero tiene pánico al mar, ¿Qué puedo hacer?
Es una reacción muy común en los niños. Hay que tener en cuenta que el contexto es muy distinto al de una piscina.
El mar tiene olas, que provocan movimiento y sobre todo mucho estruendo. Es precisamente esta combinación lo que les asusta. El agua se acerca a ellos y además, haciendo mucho ruido.
El sabor salado del agua es otra propiedad con la que no se encuentran familiarizados.
La adaptación al mar debe ser progresiva, debemos dejarles su tiempo, son ellos los que deben decidir cuando quieren mojarse los pies o entrar con un adulto.
Los juegos en la orilla son los mejores aliados, comenzarán a mojarse sin darse cuenta, y descubrirán las maravillas que les proporcionan la arena y el mar.
12 Mi hijo lleva más de un año asistiendo a natación; siempre iba muy contento pero ahora llora, ¿Qué puedo hacer?
Esta situación también es muy común en los niños. Suele estar relacionado con un cambio de nivel o de profesor, cuando comienzan a trabajar un poco más de técnica y ya no hacen tantos juegos en el agua. El papel de los padres en estos casos es importantísimo, hay que motivar a los niños, y explicarles que ya son mayores y que deben trabajar un poco más en el agua.
Junto con el profesor o coordinador, se pueden adoptar diferentes estrategias, dependiendo de la edad del niño.
13 Me gustaría saber si en general los niños se lo pasan bien en la piscina o sufren.
En general los niños disfrutan muchísimo en el agua, es un medio por naturaleza cómodo y agradable, y además muy propicio para crear historias y fantasías. No obstante también hay que tener en cuenta la propia naturaleza del niño. Hay niños que se resisten a descubrir el placer en un medio tan inestable y diferente al que están acostumbrados.
14 Si llora, ¿es por que no le gusta el agua?
No necesariamente. Muchas veces el llanto es una herramienta más de comunicación, con la que consiguen captar la atención de todos los adultos. El llanto en el niño no es alarmante, seguramente lo que quiere transmitir a sus padres es la inseguridad que les provoca la nueva situación.
15 ¿Qué destrezas adquiere el niño que acude a natación?
Los niños que crecen con el agua adquieren unas habilidades especiales, que no podrían adquirir de otra manera.
Se establece una diferencia en su propio desarrollo, a nivel psicomotor, emocional, social y afectivo.
La práctica de la natación les aporta destrezas en el agua que favorecerán su propio desarrollo y supervivencia.
16 ¿Por qué no es conveniente que los padres y madres estén observando a los niños durante la clase?
Es muy importante que no estén presentes durante el desarrollo de las clases, ya que su presencia provoca mucha distracción en los niños y niñas, perjudicando el buen funcionamiento de la clase.