Nuestro punto de partida en este apartado es claro y directo, la natación, al igual que otros procesos de aprendizaje, es la misma para todos los niños, para los que tengan un desarrollo normal y también para aquellos que tengan dificultades. Es evidente que en algunas ocasiones encontraremos diferencias en cuánto al ritmo de aprendizaje, y en otras ocasiones debamos adaptar la metodología de trabajo.
Son numerosos los libros y artículos que hablan de los beneficios que la natación aporta a los niños con discapacidad, y quizás sean los alumnos más fieles, ya que desde bien pequeños los terapeutas y pediatras les aconsejan participar en clases de matronatación como estimulación temprana en el agua gracias a lo que esta actividad les ofrece.
Entre los muchos beneficios que encontramos en esta práctica deportiva para los niños con discapacidad podemos destacar:
-Lograr una base de dominio postural y una capacidad motriz como punto de partida para un mejor desarrollo perceptual y motor.
-Mejorar la capacidad de rotación en torno al eje longitudinal del cuerpo, consiguiendo que el niño no permanezca envarado tanto tiempo y provocando de esta manera la producción de conductas más sociables.
-Mejorar considerablemente la hipotonía de los músculos antigravedad. Ésta aparece casi siempre, pero en distintos grados y variaciones de un niño a otro.
-Mejorar la funcionalidad torácica.
-Ayudar al niño en su desarrollo de manera global.
-Impedir la adquisición de hábitos de autoestimulación, deformaciones o descompensaciones en caderas y rodillas, que puedan dar lugar a trastornos secundarios.
-Mejorar la alimentación, fonación y el aspecto facial, ayudando así a la debilidad muscular en labios y lengua.