La práctica de la natación puede comenzar a partir de los 4 meses de vida, devolviendo al bebé, que durante nueve meses de vida intrauterina respiraba dentro de una bolsa repleta de líquido amniótico, a su antiguo hábitat. Así le estaremos dando la oportunidad de volver al mundo donde él nació.
Lo ideal para el futuro sería que entre el nacimiento y el momento de iniciar la natación en una escuela, los papás estuviesen preparados y desarrollaran un trabajo en casa con su hijo en la hora del baño. Hacer del baño un momento en el que el niño se sienta feliz, generando en este contacto con el agua una sensación de seguridad.
La piscina será la continuación del baño del bebé, con una ventaja primordial, los papás estarán en el agua en contacto corporal directo con su bebé, aportando sensaciones positivas y dando el apoyo emocional que tanto necesita.
El bebé adquiere su independencia, comienza a descubrir su propio “yo”, consiguiendo voluntad propia y dominio de sus deseos, naciendo así un nuevo individuo.